Miércoles, 06 junio 2018 | 10:00h.

Sexismos de ficción: The Big Bang Theory o ¿por qué nos estamos riendo?

Miriam Ugidos Barrio

The Big Bang Theory es una de las series que mejor representa las perversiones que se pueden llegar a ocultar detrás de una comedia que, si bien en una mente adulta formada pueden interpretarse y resultar graciosas, en un público demasiado joven o en proceso de formación, se están inculcando todos los estereotipos equivocados.

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© 20 Minutos

Durante varias temporadas, de los cinco personajes protagonistas, el único femenino fue Penny (el tropo de “La pitufina” y de la “damisela en apuros”, según los patrones identificados por Anita Sarkeesian). Ella representa a la prototípica mujer norteamericana del medio oeste, rubia, atractiva y, en su caso particular, no demasiado inteligente (o, al menos, eso nos hacen creer). Penny trabaja de camarera mientras trata de hacerse un hueco en la industria cinematográfica con no demasiado éxito.

El hecho de vivir en un apartamento en Pasadena, dependiendo de un trabajo mal pagado, le hace estar constantemente en situación de inferioridad frente al resto de protagonistas masculinos, ya que sus gastos son mayores que sus ingresos. A esto hay que añadirle que, como al parecer les ocurre a todas las mujeres, Penny experimenta dificultades a la hora de controlar sus impulsos más consumistas, y no duda en comprar a crédito múltiples prendas de ropa. Así, ella es una bella criatura que deslumbra con su aspecto a sus vecinos a cambio de ayuda para pagar el alquiler o poder usar su wifi, a pesar de que, en este escenario neo-sexista, se supone que la igualdad de género ya está conseguida, tal y como indica Silvia García en su libro Psicología social de género.

Por el contrario, sus amigos son hombres de gran inteligencia, con buenos puestos de trabajo, carreras brillantes y sin problemas económicos. Leonard, Sheldon, Howard y Rajesh son presentados como “nerds” estereotípicos, con dificultades para relacionarse, “frikis” de Star Trek y los juegos de rol, y poco atractivos -en principio-. Visto así, parecen inofensivos, de hecho, esas cualidades no deberían ser consideradas ni siquiera como defectos en plena era anti-bullying.

Sin embargo, el hecho de que el personaje masculino con una mayor carga femenina: Rajesh (además de la personificación del tropo de la “minoría simbólica” en un grupo formado por hombres blancos), sea objeto de mofa por parte de sus compañeros por este motivo y se le adjudiquen los defectos que se le reconocen a Penny: comprador compulsivo, conocimientos de moda o de cotilleos, etc. (todo aquello que se considera propio de mujeres), no hace sino remarcar el tono machista.

Siguiendo esta línea, Sheldon, a pesar de que en apariencia su problema más notorio sea su trastorno obsesivo compulsivo (el cual le lleva a tener que hacer las cosas tres veces), en realidad presenta una conducta que deja ver un trastorno antisocial de la personalidad y una marcada falta de empatía, rasgos que definen en parte el síndrome de Asperger (pero también el de un psicópata).

Por su parte, Howard, es un claro predador y acosador sexual, narcisista, con complejo de Edipo, Rajesh presenta un problema de mutismo selectivo que afecta solo a su relación con mujeres y Leonard arrastra una depresión y una autoestima dependiente de la aprobación de los que le rodean. No obstante, estos problemas mayores se exponen mediante situaciones cómicas para tratar de minimizar su gravedad, como si realmente fueran cuestiones graciosas.

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La culpa es de las madres
No es casualidad que, debido a este sesgo machista, cada vez que los personajes secundarios de las madres aparecen en escena, parece que sea para explicar con su conducta los problemas de sus hijos, es decir, se las responsabiliza: Howard vive con una madre autoritaria que le anula, le grita y gobierna su vida (a pesar de que estamos hablando de un hombre adulto con capacidad suficiente para cortar el cordón umbilical e independizarse) y Leonard ha crecido bajo la larga sombra de sus padres, dos grandes científicos en sus respectivos campos, que no han prestado la atención suficiente a los éxitos de su hijo.

Curiosamente, a pesar de que durante muchas temporadas las inseguridades de Leonard provienen de la actitud de ambos progenitores, siempre con especial inclinación por Beverly, su madre, no es hasta una de las últimas que presentan también a su padre como una víctima de ella. El pecado de Beverly es haber adoptado el rol reservado solo para el hombre: una profesional centrada en su trabajo, independiente y no demasiado afectuosa, un conjunto que la convierte en una mala madre. En menor medida, Sheldon también achaca parte de sus problemas a su progenitora, una mujer del sur de Estados Unidos, ferviente católica y, por ende, una ignorante a los ojos de su hijo.

Respecto a los personajes secundarios, destacan los episodios durante los cuales Rajesh se encuentra manteniendo una relación sentimental con dos chicas a la vez. Como no podía ser de otra forma, esto despierta admiración y envidia por parte de varios de sus amigos hombres y es visto como un salto cualitativo en su vida. Por el tono general de la serie, no llama la atención que, cuando él rompe con una de ellas (Emily, cuyo personaje tiene algo del tropo femme fatale), los intentos de esta por volver a quedar con él sean tratados desde el prisma femenino (él les pide consejo a las protagonistas chicas) y se genere un escenario en el que la conducta del hombre es controlada por mujeres que tratan de advertirle sobre las malas intenciones de otra mujer (o lo que es lo mismo: las mujeres se critican entre ellas, mientras que los hombres hacen piña entre sí).

Tampoco llama la atención que sean los eventuales novios de Penny los que no tienen un arco argumental propio. Lejos de tratarse de una postura feminista o de funcionar como adornos que hacen más interesante al personaje femenino, lo que se pretende es resaltar la conducta promiscua de esta con hombres atractivos y poco inteligentes (mismo perfil que se le supone a ella).

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© El Comercio

Más mujeres, mismos comportamientos
Tras la aparición de las dos nuevas protagonistas femeninas: Amy –novia de Sheldon- y Bernadette –novia de Howard-, lejos de ganar en feminismo, se acentúan las situaciones machistas. Así, las conversaciones en las que solo hay personajes femeninos (menos, comparadas con aquellas en las que solo aparecen hombres) girarán en torno a sus problemas con los estos y, puntualmente, sobre cuestiones que solo les atañen a ellas y que se consideran propiamente femeninas.

Amy, a pesar de ser una investigadora tan buena como ellos, vive a la sombra de Sheldon (dependiente de sus gestos de afecto) y Bernadette toma el relevo de la madre de Howard para convertirse en casi la misma persona (mandona y gritona).

Quédate donde yo pueda verte
En el momento en que la carrera profesional de alguno de los personajes femeninos comienza a despegar y consiguen puestos mejores que los de los hombres, aparece el conflicto. Así ocurre cuando Bernadette es contratada por una compañía farmacéutica y su sueldo supera ampliamente el de Howard: este le reprocha que va a tener que trabajar muchas horas, lo que le deja a ella menos tiempo para dedicarse al hogar (lavarle la ropa, cocinar para él, etc.)

Algo parecido sucede cuando Penny obtiene un puesto de comercial en la misma compañía que Bernadette. Su sueldo es ahora más alto que el de Leonard y la autoestima de este –de por sí, muy baja- toca fondo. Esto ocurre, irónicamente, tras la sugerencia que él le hace de abandonar su sueño de ser actriz y buscar algo estable. Es decir, el personaje masculino controla el destino del femenino, animándola a mejorar, pero manifestando su frustración si lo logra porque, en el fondo, él cree que merece una posición superior a la de ella.

En conclusión, estamos ante una de las series más longevas de la historia de la televisión, con audiencias millonarias y sketches muy divertidos, que presentan una realidad totalmente deformada –probablemente- con ánimo de caricaturizarla.

La actual situación y el grave problema social que supone la violencia de género, así como cualquier desigualdad entre hombres y mujeres, unido a los recientes escándalos del mundo del cine (Caso Wenstein, Casey Afleck, etc.) han impulsado la creación de movimientos internacionales eminentemente feministas como el #TimesUp, #MeToo o, en España el #YoSiTeCreo.

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© Hollywood Reporter

Poner límites al humor es un tema peliagudo que implica granjearse unos cuantos enemigos tanto si te posicionas de un lado como del otro. Sin embargo, en una serie de este calado, la responsabilidad social debería brillar más por su presencia que por su ausencia. No se trata de censurar, sino de equilibrar (y, que Penny “resuelva” la teoría de cuerdas en la décimo primera temporada, no cambia todo lo recorrido hasta ahora).