Lunes, 22 abril 2019 | 16:16h.

Piedralaves acogió la V edición de Mascarávila, un festival de ritos ancestrales con mascaradas invernales y bailes de paloteo abulenses

Mercedes Martín

• Las calles de la localidad se vieron inundadas por el color de trajes y mascaradas con los más de 600 participantes que desfilaron en el pasacalles.

• Los asistentes pudieron ahondar en las tradiciones abulenses, desde la indumentaria tradicional, hasta las vaquillas de quintos, los juegos tradicionales o cortadores de leña.

El sábado pasado tenía lugar en la localidad de Piedralaves (Ávila), la V edición de “Mascarávila”, un festival con una clara apuesta por las tradiciones abulenses, centrada en las mascaradas de invierno y las danzas de paloteo, pretendiendo con ello mostrar la singularidad de las costumbres que atesora la provincia de Ávila.

El festival, que veía la luz en 2014, surgió en la Asociación Cultural Siempreviva de Pedrobernardo. Tras recuperar la mascarada local de los “Machurreros”, contempló extenderla al ámbito provincial. La I edición reunió a seis localidades abulenses, cuatro de ellas con mascaradas: Navalosa, que es la que conserva la mascarada más antigua, denominada “Cucurrumachos”; Casavieja, con sus “Zarramaches”, El Fresno, con las “Toras”, y el anfitrión, Pedrobernardo. A ellas se unieron las localidades de Hoyocasero y Piedralaves, que han logrado mantener los lazos de paloteo. A estas localidades se sumó un año después Navalacruz, tras lograr recuperar su mascarada, los “Harramachos”.

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En esta edición, también han participado las máscaras y botargas de la provincia de Guadalajara, donde más de 100 participantes mostraron a los asistentes la rica tradición existente en esta provincia de Castilla y la Mancha. La representación corrió a cargo del grupo de danza Korosti de Guipúzcoa, que entre sus acrobáticos bailes también cuenta con danzas de paloteo. Sumándose a ella los danzantes de Hoyocasero, el grupo de jotas de Pedrobernardo y los lazos de paloteo del anfitrión de esta edición.

Según los organizadores, este festival busca ahondar en la cultura y en la tradición de la provincia, descubriendo al visitante la riqueza oculta en las poblaciones. Para ellos, esta riqueza puede verse perdida al encontrarse la provincia sumida en una vertiginosa despoblación, lo que supone perder una de sus fuentes principales en la obtención de datos para la recuperación de las tradiciones.

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Para Pedro Granado, coordinador general de Mascaravila, este evento supone: “una apuesta por la cultura, por la recuperación de las tradiciones, que además se ha convertido en un escaparate único para disfrutar de costumbres casi olvidadas reunidas en un mismo lugar, siendo el objetivo que se persigue seguir incorporando localidades de la provincia a este proyecto englobado por siete localidades”.

Descubrir de la mano de Carlos del Peso como se vestían las mujeres de la zona en el siglo pasado, y como alterado los trajes con bordados imposibles, o con elementos ornamentales importados de otras provincias, hace recapacitar al oyente, dándonos cuenta del poco valor que le hemos dado a esas costumbres que nuestros antepasados cumplían con primor.
Echar la vista atrás y recordar las calles de los pueblos llenas de niños jugando a la pelota, al pilla pilla, al aro, al corro, al marro, la muñeca, las canicas, las tabas, alfileres…, elementos cotidianos que hacían interactuar a los más pequeños al aire libre, sin dependencia a las nuevas tecnologías y compartiendo tiempo y espacio con otros semejantes, se nos antoja casi con añoranza que se pudiera repetir.

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Las calles se llenan con el sonido de cencerros, y con las representaciones que realizan los participantes, algunos con aspectos verdaderamente terroríficos que persiguen a los asistentes, especialmente a las mujeres y niños. Este sonido contrasta con el de las dulzainas, o los instrumentos de cuerda que acompañan a los grupos de baile, o con las zambombas, calderillos, sartenes y los romances que a viva voz entonan los pastores de Casavieja.

El punto y final a la jornada lo pusieron los niños que componen el Grupo del Maquilandrón, ellos son los verdaderos herederos de la cultura popular y con su actuación demostraron que de momento las de su localidad, no caerán en el olvido.

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