Lunes, 08 junio 2015 | 13:16h.

Más orejas que buenas faenas en el largo mes de toros madrileño

Más orejas que buenas faenas en el largo mes de toros madrileño

Madrid, 8 jun (EFE).- Un total de 29 orejas -once de ellas para los rejoneadores- se cortaron en los 31 festejos de la feria de San Isidro que concluyó ayer en Madrid, en un balance estadístico que no puede ocultar la escasez de faenas redondas presenciadas en el largo de toros de Las Ventas.

Porque, aparte del consustancial triunfalismo de los festejos de rejones, en las corridas y novilladas de a pie sólo se contabilizó una faena premiada con dos orejas, que fue la realizada por el diestro francés Sebastián Castella al toro “Jabatillo”, un excelente ejemplar de Alcurrucén premiado como el mejor de la feria.

Esa faena facilitó a Castella una de las sólo dos salidas a hombros de los toreros de a pie, junto a la conseguida por el joven madrileño López Simón el 24 de mayo, que se consideran aparte de las cuatro que protagonizaron los jinetes.

Tal balance artístico corrobora especialmente, con las excepciones del propio Castella y de Alejandro Talavante, el bajo nivel mostrado este año en Madrid por las principales figuras del escalafón y por la mayoría de toreros de segunda fila que copan los carteles del resto de ferias de la temporada.

Y todo ello con el agravante de que a muchos de ellos les correspondieron en suerte muchos de los más de veinte toros que ofrecieron notables posibilidades de triunfo de entre la centena y media que salieron por los chiqueros.

El citado “Jabatillo”, de Alcurrucén; “Lenguadito”, de El Torero; “Agitador”, de Fuente Ymbro; y el novillo “Agachado”, del conde de Mayalde, ocupan el cuadro de honor de la bravura y la calidad de este San Isidro de 2015, pero otra docena larga de astados pusieron en bandeja a los toreros unos triunfos que no se redondearon o resultaron más tibios de lo posible.

Las corridas de Juan Pedro Domecq y Parladé, ambas del mismo propietario, fueron las más completas, pero también hubo toros de triunfo con los hierros de Alcurrucén, El Pilar, Charro de Llen, Las Ramblas, El Montecillo, Puerto de San Lorenzo, José Luis Pereda, Adolfo Martín, Miura e incluso en el denostado encierro de Victoriano del Río lidiado en la corrida de Beneficencia.

Varios de esos ejemplares, aun con corte de orejas de poco peso, no fueron aprovechados al completo por unas u otras razones por José María Manzanares, El Juli, El Fandi, Miguel Ángel Perera, Miguel Abellán, Iván Fandiño, Juan Bautista, Daniel Luque y hasta el mismo Castella en su primera actuación, al tiempo que El Cid estrellaba sus escasos recursos actuales en su forzoso gesto en solitario con los “victorinos”.

En cambio, con muchas de las corridas de menos posibilidades, y en un ciclo en el que abundó la falta de casta en toros de fea o desproporcionada presentación, ya fueran de divisas “comerciales” como “toristas”, hubo espadas que supieron sobreponerse a las circunstancias y realizar trasteos más que estimables.

Así, es de destacar el valor de López Simón para salir a hombros apenas tres semanas después de resultar herido grave en este mismo ruedo, así como la torería y la intensidad de Rafaelillo con un toro de Miura en la última tarde, aun sin cortar orejas por fallar con la espada.

También brilló con luz propia la entrega total de Jiménez Fortes, la tarde en que fue corneado en el cuello, lo mismo que la imaginación, el temple y la calidad de Alejandro Talavante en sus tres actuaciones, sobre todo en su sorprendente faena a un ejemplar de Juan Pedro Domecq, más allá de la solitaria oreja que paseó.

También hubo trofeos para un decidido Juan del Álamo, para el oficio de Eugenio de Mora y Morenito de Aranda en el arranque de la feria, el esfuerzo de Manuel Escribano y la entrega de Joselito Adame.

Y, sin trofeo contable, deleitó al aficionado la solera del toreo de Diego Urdiales, sin ningún toro con posibilidades reales, sorprendió la inteligencia del joven colombiano Sebastián Ritter con los descastados toros de Partido de Resina.

Del mismo modo, se hizo patente la calidad de David Galván y el buen hacer ante lotes duros de Fernando Robleño, aunque estos tuvieran menos reconocimiento. El resto de toreros pasaron sin pena ni gloria.

Entre los novilleros, Posada de Maravillas dejó chispazos de arte frente a un gran utrero de Mayalde, mientras que Gonzalo Caballero y Francisco José Espada recibieron sendas orejas muy cicateras por un esfuerzo mucho mayor que el del extremeño.

En cambio, la mano estuvo muy abierta para premiar con generosidad a los rejoneadores, entre los que brilló sobre todo Diego Ventura, que salió a hombros junto a Sergio Galán y Leonardo Hernández, quien volvió a repetir triunfo de puerta grande dos semanas después. Por contra, Hermoso de Mendoza se fue de vacío por no rematar con los aceros de muerte dos faenas de mérito.

En cuanto a la asistencia de público, este San Isidro ha mantenido o aumentado el nivel de la anterior edición, con una ocupación media de los tendidos en torno al 85 por ciento y con ocho tardes en las que se colocó en las taquillas el cartel de “no hay billetes”.

Aunque se ha reducido el número de abonados, que ha ido cayendo lentamente durante los años de la crisis, la tendencia al alza en la adquisición de entradas sueltas es la que mantiene la gran rentabilidad de una feria emblemática que sigue siendo un negocio muy rentable al margen de los carteles y de lo que suceda en la arena.