Lunes, 29 septiembre 2014 | 16:14h.

Lozano mantiene en el juicio que no denunció el crimen de Xermade por "miedo"

Lozano mantiene en el juicio que no denunció el crimen de Xermade por "miedo"

Lugo, 29 sep (EFE).- El único imputado por el doble crimen de Xermade, Brais Lozano, mantuvo en su declaración ante el jurado popular constituido esta mañana en la Audiencia Provincial que no participó directamente en los macabros sucesos de la casa de Burgás y que tampoco denunció al supuesto autor de los mismos, Juan José Calaza -conocido como El Pibe-, por “miedo”.

El fiscal pedía inicialmente para ambos acusados veinticinco años de cárcel por cada uno de los asesinatos, de Víctor Hermida Purriños -de 75 años- y de su hijo Eulogio -de 51-, y otros 19 por el intento de asesinato de la esposa y madre de ambos fallecidos, Domitila Rodríguez Souto -de 78 años-, que resultó herida de gravedad, así como cinco años más por el delito de robo con violencia en la casa de Burgás (Xermade).

La muerte de Juan José Calaza en prisión hace unos meses hizo que su responsabilidad quedase extinguida, de modo que Brais Lozano se sentó hoy en el banquillo de los acusados para hacer frente a una petición de pena que asciende a 74 años de cárcel.

A preguntas del ministerio fiscal, reconoció que no contó “la verdad” cuando fue interrogado por primera vez por los investigadores de la Guardia Civil como testigo, porque le tenía “miedo” al otro acusado, Juan José Calaza, a quien definió como “una persona muy violenta”.

“Me amenazó”, afirmó Lozano, quien también precisó en la vista oral que el propio Calaza iba “a cada poco” a interrogarlo y le decía que si se iba de la lengua le iba a pasar “lo mismo que a esa gente”, tanto a él como a sus padres y a su novia.

“Día sí, día no, se interesaba”, insistió Lozano, quien también explicó que, justo después de su primera declaración como testigo ante los investigadores de la Guardia Civil, Calaza lo fue “a buscar” para preguntarle qué “había dicho”.

En cuanto al día de autos, explicó que todo empezó cuando Calaza lo llamó al móvil de su padre y le dijo que tenía que salir porque un amigo suyo había sufrido “un accidente”.

Después, ambos estuvieron consumiendo estupefacientes y, en un momento determinado, precisó, el otro acusado le empezó “a comer la cabeza” para ir a Xermade, porque era “un punto de venta”, como “un poblado gitano”, y había “mucho dinero y droga” que podrían conseguir fácilmente.

En todo momento, Lozano negó conocer las verdaderas intenciones de El Pibe, incluso cuando accedieron por una ventana al interior de la casa y le dijo que se tapase la cara “por si la moscas”. De hecho, aseguró que Calaza no llevaba nada en las manos cuando entraron en la vivienda.

Según su versión, una vez dentro de la casa, no encontraron lo que buscaban en la cocina, por lo que Calaza le dijo que esperase allí, mientras el subía al piso de arriba. Lozano dijo que no llegó a ver a ninguno de los perros de la casa, que fueron degollados por los asaltantes, ni tampoco los escuchó ladrar.

Después de esperar por Calaza durante algo más de veinte minutos, un tiempo en el reconoció haber escuchado gritos que procedían del piso de arriba, le vinieron “muchos pensamientos a la cabeza” y decidió subir hasta la primera planta, donde se encontró con todo “revuelto” y la “casa toda desorganizada”.

Lozano declaró que fue entonces cuando vio por primera vez a los habitantes de la casa, a un hombre “tirado en medio de un pasillo”, a una “señora sentada” y “otro señor tirado en el suelo” de la misma habitación.

Al ver la sangre y que ninguno de los hombres gritaba ya, dijo que empezó darse cuenta de lo que estaba pasando, pero aún así no se atrevió a dejar la casa por temor a lo que Calaza podría haber hecho si lo dejaba allí tirado.

Por su parte, el letrado que se hizo cargo de la defensa de Lozano, Jorge Vázquez, dijo que la versión de Brais es creíble” y les recordó a las nueve personas que componen el jurado que “si hay dudas” sobre su culpabilidad o participación en los hechos deberían emitir un veredicto absolutorio.

En su escrito de acusación, expuesto en la vista oral, el fiscal sostiene que ambos acusados se dirigieron en la madrugada del 22 de febrero de 2012 a la casa en la que Eulogio Hermida vivía con sus padres, con el propósito de acabar con la vida de todos ellos y apoderarse de lo que allí hubiese que mereciese su interés.

Provistos de pasamontañas, un machado, palos, barras y cinta de carrocero entraron en la vivienda después de degollar a los perros y subieron hasta el dormitorio de Eulogio, que dormía sin ninguna posibilidad de defensa.

Según el ministerio público, lo golpearon con una crueldad y saña extrema, al tiempo que lo interrogaban sobre la droga y el dinero que guardaba, amordazándole con varias vueltas de cinta de carrocero.

Posteriormente, irrumpieron en la habitación de los padres y Brais Lozano arrastró a la madre escaleras abajo hasta la cocina, donde la tiró al suelo y, con el fin de aterrorizarla, le puso encima uno de los perros ya muerto, dejando al lado el otro perro malherido.

Después, ambos acusados se ensañaron con su marido, que permanecía en el dormitorio conyugal y, con intención de acabar con su vida y sin que les mereciese la más mínima compasión, empezaron a golpearlo brutalmente hasta provocarle fracturas y heridas que por su extrema gravedad le ocasionaron la muerte.

“Brais Lozano volvió” luego a la cocina a por la mujer y, de nuevo, arrastrándola por las escaleras, la llevó a esa misma habitación, donde los acusados, que ya habían tomado la decisión de matarla, la interrogaron sobre el dinero.

Al no responder a los requerimientos de sus agresores, Juan José Calaza, con el ánimo de poner fin a su vida, comenzó a asestarle golpes con el hacha en la cabeza, hecho contemplado por el otro acusado, Brais Lozano, y sin que se lo impidiese en ningún momento.

“Creyéndola muerta”, ambos se dirigieron a la habitación donde estaba amordazado su hijo y, “sin desistir en su siniestro propósito”, la emprendieron otra vez con él a golpes, arrastrándolo aún con vida por las dependencias de la casa.

Finalmente, lo bajaron a la cocina, donde le infringieron toda clase de sufrimientos que, por su gravedad, extensión y profundidad, le causaron la muerte.