Lunes, 10 noviembre 2014 | 16:38h.

Los habitantes de Gaza añoran el carisma y la contundencia de quien unió a los palestinos

Los habitantes de Gaza añoran el carisma y la contundencia de quien unió a los palestinos

Gaza, 10 nov (EFE).- Diez años después de la muerte de Yaser Arafat, muchos habitantes de Gaza añoran el puño de hierro y el carisma con el que dicen supo forjar una unidad palestina que su sucesor, Mahmud Abás, no ha sabido conservar.

“La causa palestina ha recibido un influjo negativo tras la muerte de Arafat, e Israel cree que puede expandir los asentamientos libremente y retrasa la firma de un acuerdo de paz permanente que ponga fin a la ocupación”, asegura Hilal Jaradat, un exprisionero de 35 años residente en Gaza tras ser expulsado de Yenin, su ciudad natal.

“Con la muerte de Arafat los palestinos perdieron la unidad real. La peor consecuencia de su desaparición es la actual división interna y la ruptura entre Al Fatah y Hamás”, prosigue.

Apenas tres años después de su controvertida desaparición -su familia denunció un supuesto envenenamiento nunca confirmado-, el partido nacionalista y el movimiento islamista se enzarzaron en una disputa electoral y una guerra que acabó con la expulsión en 2007 de Al Fatah de Gaza.

Desde entonces, la Franja está bajo control de Hamás y sometida a un estricto bloqueo económico y un férreo asedio militar israelí que ha depauperado las condiciones de vida de sus cerca de dos millones de habitantes.

Ambas facciones llegaron a un acuerdo de reconciliación el pasado 26 de abril que permitió, apenas dos meses después, formar un Gobierno de unidad nacional transitorio cuya misión es elaborar un nuevo proceso electoral.

Una misión sin éxito hasta la fecha debido a la desconfianza mutua y a la renuencia de Israel, que ha condenado la unión entre los dos grupos.

Mohamed Kamal, propietario de una fábrica de textiles en el enclave, coincide al afirmar que “existe una gran diferencia entre Arafat y Mahmud Abás. Arafat fue un hombre valiente que hizo la guerra con Israel, mientras que Abás es sólo un negociador que busca modos pacíficos de lograr sus objetivos”.

“Creo que las tragedias que estamos padeciendo ahora son el resultado de la pérdida de un hombre como Arafat. Si siguiera vivo, nuestra situación sería ciertamente diferente”, afirmó.

“Él tenía mucha experiencia en saber cómo lidiar con los israelíes, los americanos y los árabes”, opina este gazatí de 42 años que vivió los tiempos del líder.

En el enclave costero es palpable esta distancia. El homenaje a Arafat, que se esperaba multitudinario, ha sido suspendido después de que una cadena de bombas destruyera parcialmente el jueves casas y vehículos de trece miembros de Al Fatah en Gaza.

Según el ministerio de Interior de Gaza -cartera aún en manos de Hamás pese al acuerdo de reconciliación- las condiciones de seguridad hacen que sea peligrosa una concentración masiva en gente en las calles.

Las hipótesis apuntan a que han sido grupos radicales islámicos los causantes de una cadena de atentados que ha profundizado la desconfianza.

Así, en lugar de celebrar juntos, Al Fatah y Hamás se han visto enredados en un nuevo cruce de acusaciones sobre quién es el responsable de los ataques contra líderes del partido nacionalista.

Ese ataque golpea de nuevo al débil proceso de reconciliación nacional entre las facciones, que tratan de sacar adelante desde junio un Ejecutivo de unidad que no termina de materializarse sobre el terreno.

Muchos subrayan que este es un vacío que nadie supo llenar tras la muerte, en controvertidas circunstancias, de este histórico mandatario, y recuerdan su habilidad para anteponer la causa de su pueblo sobre afinidades políticas.

Como dice Jader Shaath, otrora oficial de policía, “Arafat fue nuestro símbolo y padre espiritual. Tuvo la magia para crear la unidad entre los palestinos. Siempre fue un amigo, incluso con sus rivales, y supo cómo tratar con ellos”. Algo que muchos en Gaza echan de menos.