Martes, 29 mayo 2018 | 20:09h.

Sexismos de ficción: La casa de papel

Isabel Mora Díaz

La casa de papel es una serie de TV que narra el atraco perfecto al Museo de la Fábrica Nacional de La Moneda y Timbre. El Profesor es el protagonista, el líder que ha planeado durante años el atraco y recluta a siete personas para llevarlo a acabo, dos chicas y cinco chicos. Durante once días se encierran en la fábrica con 67 rehenes y su objetivo es salir con el dinero de curso legal recién impreso sin registrar.

El Profesor no es presentado como el típico hombre viril, fuerte y guapo, no es ese prototipo, al revés, tiene un carácter introvertido, es tímido e inseguro, y físicamente su apariencia es normal. Pero compensado por su inteligencia, quizás es superdotado, capaz de planificar durante años minuciosamente un plan perfecto para hacerse millonario. El resto de los personajes masculinos que también son protagonistas son los ladrones; dos de ellos son muy fuertes físicamente y tienen un carácter serio, pero no son hombres atractivos, no cumplen el canon de belleza masculina. Sin embargo, los otros tres protagonistas ladrones, sí que tienen algunas características comunes en cuanto a su aspecto físico. Berlín, el cabecilla es un hombre alto, guapo e inteligente con capacidad de mando, aunque tiene una enfermedad terminal que no se descubre hasta el final de la serie y que hace ablandar un poco la crítica que pueda tener del espectador hacia él. Los otros dos chicos, son guapos, fuertes, simpáticos pero que por diferentes circunstancias de la vida han terminado eligiendo el camino equivocado.

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Sin embargo, las tres chicas protagonistas coinciden en varios rasgos característicos del género femenino, hay dos ladronas; Tokio y Nairobi, guapas e inteligentes que, aunque durante toda la película van vestidas con monos rojos que no resaltan su silueta, en algunas secuencias de la serie sí que aparecen vestidas para resaltar sus magníficos cuerpos, ropa ajustadas, faldas y pantalones cortos incluso en ropa interior. Tokio mantiene una relación sentimental con otro de los ladrones, un chico joven y guapo, y en algunas escenas íntimas se puede observar a la chica en ropa interior semidesnuda, sin embargo, al chico sólo se le ve con el torso desnudo. Ambas han tenido una vida marcada por alguna desgracia personal, una de ellas es madre soltera y le han retirado la custodia de su hija ya que la detuvieron en un robo y el novio de la otra ladrona, Tokio, lo mataron durante un atraco delante de ella, sin que ella pudiera hacer nada por salvarlo.

Hay otra protagonista femenina, Raquel, la inspectora encargada de resolver el caso. Es una chica de unos 40 años, trabajadora, dura, luchadora, guapa, pero también la presentan en la serie con una vida personal difícil. Acaba de finalizar un proceso de divorcio traumático y su exmarido está acusado de malos tratos. Este asunto cambia la percepción que el espectador pueda tener hacia ella, porque su vida personal le hace ser frágil sentimentalmente hasta tal punto que a lo largo de la serie termina enamorada del Profesor, porque éste la escucha, la entiende y se enamora de ella.

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El papel de mujer policía dura, respetable y profesional queda en entredicho en el justo momento que se enamora de un ladrón. Su sensibilidad y debilidad emocional se anteponen a la dureza y profesionalidad mostrada desde un principio y que se le presupone a una inspectora de policía. Prevalece el sentimiento, lo emocional a la razón, seguramente si fuese un hombre inspector nunca ocurriría esto, prevalecería su integridad profesional por encima de la personal.

Raquel tiene una hija de unos 8 años y también una madre, que ejerce de abuela, y que es quien cuida a su hija, ya que ella, está siempre trabajando y no tienen horario de vuelta a casa. Además, la abuela tiene una enfermedad seria que podría hacer Alzheimer, lo que le produce falta de memoria. Estas dos protagonistas secundarias, están para resaltar el papel humano y realista de la inspectora. La espectadora se identifica con esta señora que tiene los mismos problemas que cualquiera para compaginar su vida personal y laboral y necesita de su familia, que hace un esfuerzo por ayudarla a pesar de su enfermedad. Esto nos hace sentir más cerca de Raquel y quizás perdonarle o entenderla como mujer, que llega a enamorarse de la persona equivocada.

Existen a lo largo de la serie varios diálogos sólo entre los personajes femeninos. En concreto, una noche en una habitación, solas Tokio y Nairobi, las ladronas, se sinceran la una con la otra, se cuentan sus desgraciadas vidas y terminan emborrachándose, bailando, se muestran divertidas, descaradas. Es una escena simpática, donde la música alta suena de fondo y donde ellas aparecen con ropa atrevida e incluso en algún momento con ropa interior. En la serie hay muchas más escenas entre hombres que entre mujeres, entre otras cosas porque hay más protagonistas masculinos, pero en ninguna de ellas aparecen escenas donde podamos verlos semidesnudos.

Hay una serie de personajes femeninos rehenes, que no tienen tanto peso en la serie porque no son protagonistas, pero que destacan en los papeles que desempeñan. En concreto, una chica joven de unos 20 años, Alison, guapa, que tiene una escena íntima con un chico en un baño y le hacen una foto en sujetador que el chico sube a las redes sociales. Podría haber sido justo al revés, que la chica le hiciera la foto al chico semidesnudo, pero no es así. Muestra a la chica débil e indefensa ante la superioridad del hombre. Es una escena muy actual y que nos hace reflexionar sobre la realidad que ocurre continuamente y el peligro que podemos encontrar con el mal uso de las redes sociales.

También hay otra rehén chica, Mónica, que ha mantenido una relación sentimental con el director del banco, Arturo. Es una historia muy típica, una relación entre un director casado con familia y su secretaria, a la que le promete una vida juntos pero que finalmente confiesa que no va a abandonar a su familia. Finalmente, Mónica que está embarazada del director, mantiene una relación sentimental con uno de los jóvenes atracadores. Volvemos a ver representada una típica historia de mujer despechada por un hombre poderoso y que ante la situación de debilidad emocional es capaz de enamorase de unos de los atracadores que la consuela, la enamora y la rescata.

Otro caso destacable es otra rehén chica que es utilizada por Berlín, el cabecilla de la banda, ya que le promete la libertad a cambio de algunos favores sexuales, a lo que la chica accede. Esta chica es guapa y joven, y la presentan como sumisa, aunque al final de la serie se rebela. Observamos de nuevo otra situación de sexismo, donde una mujer indefensa, subordinada por un hombre que la somete psicológicamente y la obliga hacer cosas que ella no desea.

En esta serie, podemos ver más protagonistas masculinos que femeninos y aunque entre los masculinos existen guapos, feos y más o menos inteligentes llama la atención que todas las protagonistas mujeres, independientemente del papel que desempeñen, son guapas, delgadas y jóvenes, y lo más curioso es que todas tienen alguna historia en torno a un hombre que de alguna manera les ha marcado la vida. Por ejemplo, en el caso de la inspectora, su divorcio, Tokio, su novio muerto, Nairobi, madre soltera, y lo mismo ocurre con las rehenes femeninas en las historias que he descrito anteriormente, también hay algún hombre que les marca el sentido del papel que desempeñan.

Es curioso que ninguna mujer protagonista desempeñe un papel sin estar vinculada a un hombre, que su papel tenga un peso lo suficientemente fuerte para mostrar a la mujer con fuerza, independencia y protagonismo suficiente para no necesitar relacionar su historia con ningún hombre. El sexo femenino se relaciona con rasgos de sensibilidad emocional y debilidad y el masculino con la inteligencia, fortaleza y poder emocional, salvadores de la mujer. El sexismo está patente en la serie, pero estamos tan acostumbrados y tenemos tan interiorizados los roles femeninos y masculinos que lo consideramos “normal” y lo asumimos sin complejos. Sólo cuando el sexismo es muy descarado lo criticamos, pero en la mayoría de casos lo normalizamos. La educación recibida es la culpable de nuestra normalización. Hay mucho que trabajar para terminar con el sexismo en la televisión o en el cine, pero fundamentalmente habría que comenzar por la educación tanto en el colegio como en el ámbito familiar.