Domingo, 23 agosto 2015 | 12:01h.

Cuando los soldados jugaban al fútbol con un busto de Antonio Canova

Cuando los soldados jugaban al fútbol con un busto de Antonio Canova

Roma, 23 ago (EFE).- El recuerdo de un grupo de soldados jugando al fútbol con la cabeza de una escultura de Antonio Canova centra una muestra en la italiana Possagno, que repasa los daños que la Gran Guerra infligió en los yesos del escultor neoclásico.

Lo hace con la exposición “Antonio Canova: El arte mutilado en la Gran Guerra”, abierta al público hasta el próximo 28 de febrero en la casa del autor (1757-1822), convertida a la postre en el Museo del Yeso de este municipio véneto.

La muestra se enmarca en las actividades que Italia viene desarrollando este año para conmemorar el primer centenario de su entrada en la I Guerra Mundial.

Tiene como objetivo evidenciar los estragos que el conflicto causó en el patrimonio cultural de esta localidad, muy próxima al frente nororiental en el que Italia combatía a las tropas austrohúngaras.

Para ello conjuga dos vías expositivas: por un lado muestra seis modelos en yeso “mutilados” por los bombardeos y, por otro, alberga más de cien fotografías que dan muestra de este horror.

Entre las esculturas, jamás expuestas, hay modelos de algunas de las esculturas más importantes de Canova como el busto del papa Clemente XIII, una Endimión Durmiente o Las Gracias.

También alberga la representación de la diosa Venus, tumbada sobre un triclinio y que encarna a Paolina Bonaparte, sobrina de Napoleón y cuya versión en mármol se expone en la “Galería Borghese” de la capital italiana.

El modelo en yeso, custodiado en Possagno, perdió la cabeza durante la Gran Guerra y protagonizó una de las escenas más recordadas de aquellos años: la de un grupo de soldados galos jugando al fútbol con el busto.

Un episodio que, al contrario que otros, no fue retratado por el conserje de la casa de Canova, Stefano Serafin, cuyas instantáneas protagonizan la otra vía de la muestra, la que relata los daños que sufrieron los yesos mediante fotografías.

“Serafin se limitó a observar, con horror, aquella afrenta a su gran Canova, sin tener el coraje, o quizá tampoco el tiempo, de conservar para siempre este recuerdo en una de sus piezas fotográficas”, señalaron los organizadores.

Y es que con ayuda de su hijo Siro, este fotógrafo logró recopilar en un álbum una serie de imágenes que muestran figuras sin rostro, con partes reducidas a polvo, mutiladas y despojadas de la expresión heroica de la que les dotó su creador.

El comisario de la exposición, Mario Guderzo, dijo a Efe que el fin de la misma es explicar al visitante que la guerra “lo destruye todo” y que no tiene compasión ni siquiera con el arte, “la más bella expresión del genio humano”.

“El objetivo es hacer comprender qué es la guerra y lo que hace en relación con la belleza (…). La guerra lo destruye todo y no tiene piedad con nada. Y menos con las obras de arte, que son la más bella expresión del genio humano”, señaló.

La casa de Canova acogerá además la reconstrucción mediante una impresora tridimensional de la figura de “Hebe”, la copera del Olimpo y destruida durante el conflicto, que sacudió el municipio entre octubre de 1917 y noviembre de 1918.

Lo hará, según los organizadores, para “proponer una reflexión sobre cómo las nuevas tecnologías permiten salvaguardar las obras de arte”.

“Estamos trabajando mucho sobre la recomposición de las esculturas porque con el uso de las nuevas tecnologías es posible ejecutar en un modo mejor la restauración de las obras”, dijo Guderzo.

En definitiva, se trata de revivir la pesadilla a la que asistieron hace exactamente un siglo los vecinos de Possagno, que vieron cómo los yesos de Canova, estimado patrimonio del municipio, se desvanecían entre el fuego de la guerra.

Un “testimonio vivo” que, a juicio del comisario, coincide con lo que se ve “actualmente por ahí o por la televisión”, con el maltrato que el patrimonio humano sufre aún a día de hoy por las guerras o por el radicalismo religioso en países como Siria.