Jueves, 09 marzo 2017 | 2:12h.

Comunicación política y opinión pública

JUAN ANTONIO HIPOLITO DOMINGUEZComunicación política y opinión pública

Juan A. Hipólito

Tras cinco años de guerra civil en Siria, más de 11,5 millones de personas, la mitad de ellas niños, han tenido que huir de sus hogares por miedo a perder la vida. Según ACNUR, alrededor de 4,8 millones de refugiados huyeron del país buscando acogida en los países limítrofes y más de medio millón decidieron emprender un largo y tortuoso viaje hasta el corazón de Europa, jugándose la vida en el Mediterráneo, para librarse de las extremas condiciones de vida y la escasez de recursos que sufrían en su país. Ahora, muchos de estos migrantes se encuentran aislados en tierra de nadie, entre fronteras cerradas, añorando una vida mejor.

 

Ante esta calamitosa situación, los dirigentes políticos que rigen los designios de la Unión Europea han respondido con una tibieza inusitada que no ha ido más allá de la esperada condena internacional y la decisión de amparar a varios miles de refugiados en el seno de algunos de sus países miembros, dejando todo el peso de la resolución del conflicto por la vía bélica a EE.UU. y Rusia. Tras su indignación inicial, la Opinión Pública europea navega ahora en una sorprendente indiferencia fruto del miedo al terrorismo internacional procedente de Oriente y a crisis migratoria derivada de la guerra en Siria y otros enfrentamientos bélicos desatados en la región.

 

El papel de los medios de comunicación (periódicos, televisiones, radios, Webs, etc) en el seguimiento de este conflicto y su repercusión sobre la población civil ha ido decreciendo conforme se han desarrollando los acontecimientos a lo largo de los últimos cinco años. Al comienzo del conflicto, la guerra civil en Siria era uno de los temas habituales que formaban parte de la agenda setting de las cadenas de televisión generalistas en nuestro país. Raro era el día en que no se difundía alguna noticia relacionada con este enfrentamiento entre hermanos sirios y la tibieza con la que la UE empezaba a tratar el tema. Se enviaron a decenas de corresponsales de guerra a indagar sobre las causas y los efectos del conflicto y se hacían conexiones en directo, hasta varias veces en el mismo día. La opinión pública comenzó a ver el conflicto con rabia e indignación.

 

Más tarde, toda la atención de los medios comenzó a centrarse en el incesante flujo migratorio incontrolado que empezó a producirse a las puertas de Europa y los conflictos derivados que este movimiento civil estaba provocando en las fronteras de la UE ante la falta de una respuesta política común y unitaria entre los Jefes de sus Estados miembros. Las grandes cadenas nacionales de televisión volvían a seleccionar entre las noticias más destacadas de su agenda setting las penurias y las calamidades a las que se enfrentaban los sirios que huían de su país en busca de refugio en cualquier país amigo del viejo continente y la falta de entendimiento de los líderes europeos para dar una respuesta acertada a la crisis humanitaria que se estaba viviendo en sus fronteras con el Oriente más próximo. La preocupación comenzó a apoderarse de la opinión pública europea como un sentimiento común, más por intereses de seguridad propios que por los ajenos, ante la tensa que se estaba produciendo en sus fronteras.

 

En esta última fase del conflicto, la mayoría de los medios de comunicación han abordado la resolución del conflicto desde el enfrentamiento bélico liderado por las fuerzas rusas, pasando de forma superficial por las terribles atrocidades a las que se ha sometido a la población civil. Los medios, por el simple hecho de prestar más atención a unos temas y de silenciar otros, canalizan la atención del público influyendo en el clima de opinión y la opinión pública. El resultado es la indiferencia con la que la opinión pública ha terminado viendo este conflicto.

 

Fotograba del vídeo de Lucy Aharis, periodista árabe de la televisión israelí Channel 2

 

 

Frente a esta fijación y tematización constante de la agenda de los medios de comunicación surgen otros enfoques y modelos aplicados a la comunicación política que dan cuenta de las difíciles relaciones entre el poder y los medios, como el modelo adversario en el que periodistas y medios desempeñan el papel de perro guardián para contrarrestar los abusos del poder político.

 

En esta historia, este es el caso de la periodista árabe, Lucy Aharish, que trabaja para la cadena de televisión israelí Channel 2. Se trata de una de las pocas profesionales de la comunicación y la información que se ha atrevido a denunciar la matanza de civiles en Alepo (Siria), llegándolo a calificar de auténtico “holocausto”. El vídeo, que la cadena subió a Facebook el pasado 15 de diciembre, lleva más de 14 millones de reproducciones, ha generado casi 122.000 reacciones y ha sido compartido por más de 274.000 usuarios.

 

Con este vídeo de poco más de dos minutos en el que Aharish denuncia el genocidio que, a su juicio, se estaba produciendo en ese momento a tan solo 500 kilómetros Tel Aviv, la periodista consiguió remover la conciencia de la opinión pública, a la que llegó a criticar por su pasividad, al mismo tiempo que hacía lo propio con la comunidad internacional y la ONU.

 

 

Aharis se confesaba avergonzada en su vehemente alocución en la que se declaraba ciudadana del mundo. ?Me da vergüenza como ser humano que elijamos líderes que son incapaces de ser contundentes en su condena y poderosos en sus acciones. Me avergüenza que el mundo árabe esté siendo tomado como rehén por terroristas y asesinos, y que no estemos haciendo nada. Me avergüenza que la paz de la humanidad sea irrelevante una vez más?, afirmaba.

 

 

Sin duda, este último modelo es el que, a nuestro entender, explica de manera más convincente la dinámica de Comunicación Política identificada como modelo del adversario, en el que el considerado ?cuarto poder? refuerza la teoría de equilibrio gracias al periodista que desempeña el papel de perro guardián frente a los abusos del poder.

 


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